De hombre a padre
Redefinirse después de la paternidad
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La paternidad es un camino de transformación, un proceso profundo de redefinición personal. Para muchos hombres, ser padre implica adaptarse a un nuevo rol. Un rol que puede generar dudas, inseguridades e incluso conflictos internos. Este camino, sin embargo, también es una oportunidad de crecimiento personal y de construcción de una nueva identidad.
Uno de los mayores retos de los hombres que se convierten en padres es poder definirse libres de las cargas tradicionales de género. La sociedad aún tiende a asignar unos roles muy marcados al padre, que a menudo están asociados a la autoridad, a la distancia emocional o a la capacidad de proveer a la familia. A menudo deben desafiar y desaprender muchos de estos roles tradicionales asociados a la masculinidad. Y muchas veces esto sucede sin que tengan referentes y modelos claros de cómo ser padres presentes, corresponsables y afectuosos.
Esta redefinición pasa por romper con las expectativas sociales, permitirse sentir y expresar las propias emociones sin miedo a sentirse juzgados, y esto no es fácil. Hay una carga emocional que puede acompañar a los hombres en este proceso, ya que la sociedad continúa promoviendo ideas muy rígidas sobre cómo debe ser un hombre y un padre.
Maternidad y paternidad en “tempos” diferentes
En este proceso de construirse como padres también es importante comprender que la maternidad y la paternidad no ocurren al mismo tiempo. La madre suele vivir su transformación desde el inicio de la gestación. La conexión con el bebé es intensa y está marcada por cambios físicos, hormonales y emocionales profundos. Para el padre, en cambio, la transformación puede ser más gradual y su proceso de adaptación puede ser más largo. Y esto choca con la necesidad real e inmediata del bebé y de la madre de ser sostenidos.
Función principal: sostener la díada
En familias biparentales es imprescindible que el padre asuma el rol de sostener a la díada. Y muchas veces esta función debe llevarse a cabo paralelamente a la nueva construcción de la propia identidad. Para resumir mucho esta función, podríamos decir que la madre es quien sostiene al bebé y la función del padre es sostener a la madre mientras ella sostiene al bebé. Física y metafóricamente.
Sostener la díada madre-bebé es una tarea que se fundamenta en la colaboración y el apoyo. La madre, que es la primera en establecer un vínculo con el bebé, necesita un apoyo firme para poder hacerlo de manera saludable y equilibrada. Aunque esta tarea no siempre se reconozca de manera explícita, es esencial para la salud emocional de la madre, del padre y del bebé.
En definitiva, el camino de la paternidad es un proceso de descubrimiento y de transformación que va más allá de los roles tradicionales. Cuando los padres tienen la capacidad de sostener la díada madre-bebé, no solo están favoreciendo el bienestar de estos, sino que también están construyendo una relación familiar equilibrada y sana. Este rol de sostener, tanto física como emocionalmente, es esencial para el crecimiento de todos los miembros de la familia. Es también a través de este proceso que los padres pueden redefinirse a sí mismos, abandonando las expectativas sociales rígidas y abrazando una paternidad más consciente, corresponsable y afectuosa.