Recolocar la infancia en el centro de la vida

Hace falta un cambio de paradigma urgente que permita situar el bienestar y las necesidades de los bebés y los niños en el centro de la sociedad.

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Las recientes declaraciones de la vicepresidenta y Ministra de Trabajo Yolanda Díaz no han estado exentas de polémica. Explicaba lo siguiente: “¿Tenemos alguna escuela infantil de 0 a 3 años en nuestro país que abra y preste servicios públicos 24h al día? Hablo de privadas, ya no digo públicas… ¿La gente no trabaja por la noche? ¿Los trabajadores y trabajadoras de limpieza, los sanitarios, los periodistas? No sé, ¿no se trabaja de noche? Digo, tareas pendientes!”

Podéis consultar sus declaraciones haciendo clic en este enlace.

Me resulta totalmente desconcertante y preocupante la dirección que estamos tomando como sociedad con declaraciones como esta… Es urgente y necesario recolocar el bienestar y las necesidades de los bebés y de los niños en el centro de la vida.

Para poder cambiar la dirección en la que nos dirigimos como sociedad, es esencial que los niños sean considerados una prioridad. No solo en el momento de su educación, sino también en su cuidado, en su seguridad emocional y en su desarrollo. Debemos empezar a pensar en un modelo social que no solo responda a las necesidades laborales y económicas, sino que ponga en el centro el bienestar emocional, la calidad de vida y la seguridad afectiva de los más pequeños. Esto significa trabajar por un sistema donde las familias tengan tiempo para ser familias, donde los cuidados sean valorados y donde la sociedad entienda que la calidad humana es la que realmente construye una sociedad sana y equilibrada.

En esta línea de poner los cuidados en el centro encontramos asociaciones como la de Yo no renuncio, que “lucha por visibilizar, concienciar y pasar a la acción para conseguir un cambio de modelo social más conciliador y corresponsable”. En un estudio que ha realizado la propia asociación, afirman que el 75% de las mujeres ha cambiado su trayectoria laboral al convertirse en madres. Y esto significa que maternar tiene un coste. Tiene un coste laboral, un coste personal y un coste emocional. Y todo esto queda invisibilizado por el sistema.

Los cuidados deben ser reconocidos, respetados y validados por todos: administraciones, empresas y la sociedad en general. Esto no es solo una cuestión de políticas laborales, sino también de valores sociales que definen el tipo de sociedad en la que queremos vivir. Hay que construir un modelo donde las personas y su bienestar estén en el centro, y donde los cuidados sean una tarea compartida y colectiva. Solo así conseguiremos un sistema realmente conciliador y justo, que respete los derechos de las familias y garantice el bienestar de nuestros niños.

El sistema debe ser transformador, pero no en la dirección equivocada.

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