Como acompañar a nuestros hijos a poner límites a los adultos y por qué es importante hacerlo
Los niños necesitan límites. Límites que les cuiden y les protejan, ya sea recibiéndolos o poniéndolos.
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Cuando hablamos de límites acostumbramos a entenderlos de forma unidireccional. Del adulto hacia el niño. La sociedad adultocéntrica donde vivimos nos lo recuerda constantemente. Tenemos infinitos libros, publicaciones, metodologías, gurús, etc. sobre cómo poner límites a nuestros hijos e hijas. Sí, desde el respeto, desde el positivismo, desde donde sea… Yo personalmente estoy un poco aburrida de este monopolio de los límites que tenemos construido los adultos hacia la infancia. Así que hoy me gustaría darle la vuelta.
A modo de resumen… qué límites necesitan los niños de los adultos? Límites de salud y de seguridad. Límites que les cuiden y les protejan. Pondremos un límite si nuestro hijo quiere comerse un paquete entero de chocolatinas (salud), si va corriendo a cruzar la carretera (seguridad), si se quiere sacar el cinturón de seguridad del coche (seguridad), o si no quiere dejar de ver pantalla (salud y seguridad).
El resto de límites deberían poder ser bidireccionales y negociables. Del adulto al niño, y del niño al adulto. Si no son negociables ni bidireccionales no estamos hablando de límites saludables, sino de relaciones de poder.
¿Por qué es saludable acompañar a nuestros hijos a poner límites a los adultos?
Aceptar un límite de un niño es una muestra de respeto hacia él. Les pedimos y exigimos que respeten los límites que les ponemos nosotros, pero cuando se trata de respetar los suyos, no los tenemos en cuenta.
Si como adultos nos remueve cuando un niño nos pone un límite, quizás deberíamos revisarnos nosotros en lugar de someterlos a ellos con argumentos como “aquí mando yo” o “lo hacemos así porque te lo digo yo”.
¿Como podemos acompañarles a poner límites?
1. Observar, entender y escuchar eso que nos quieren decir nuestros hijos, aún cuando no hablen
Los bebés transmiten su malestar más allá del llanto y como referente afectivos debemos ser nosotros quienes pongamos los límites a los otros adultos cuando vemos que nuestro bebé está incómodo y aun no tiene las herramientas para poder hacerlo por sí mismo.
“Perdona, pero esto que estás haciendo está incomodando mi hijo/a. ¿Podrías dejar de hacerlo?”
2. Los niños son personas. Tienen preferencias, deseos y necesidades. Están en plena construcción de su propia identidad.
Es importante que nuestros hijos puedan transmitir aquello que sienten, necesitan y/o desean a los adultos que los rodean sin miedo al rechazo. Es una forma de respeto y estima hacia uno mismo. Cuando un niño se diferencia de la opinión de un adulto y se opone, está construyendo su identidad, está conectando con su necesidad y lo está comunicando al otro.
Si como referente afectivo principal observas que tu hijo tiene dificultades en poner límites a otros adultos, puedes ayudarle a poner palabras a lo que siente y ofrecerle alternativas de conducta, sin dirigir ni hacer juicios de valor sobre alguna de las alternativas.
“Tu abuelo ha dicho que vayas. Si te apetece puedes ir, y si no te apetece, te puedes quedar aquí. Lo que decidas estará bien”.
3. Sí es sí y no es no. El consentimiento es un aspecto clave en un desarrollo saludable
Nuestros hijos tienen que saber que su cuerpo es suyo y que vamos a respetar sus decisiones. Saber poner estos límites es la mejor prevención contra el abuso sexual infantil. Las muestras de afecto NUNCA tienen que estar sometidas a la voluntad del adulto, sea quien sea. Si un niño no quiere recibir o dar muestras de afecto, se tiene que respetar.
“Te he oído. Ahora no te apetece que la abuela te dé un beso ni un abrazo… Es tu decisión, si no te apetece, no te los va a dar”.
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¿Por qué nos cuesta tanto a los adultos que los niños/as nos pongan límites?
¿Por qué nos cuesta tanto a los padres y madres sostener que nuestros hijos/as pongan límites a otros adultos?
¿Por qué no nos cuestionamos los límites que los adultos ponen a nuestros hijos/as?
¿Por qué no nos indignamos cuando estos adultos no respetan los límites que nuestros hijos/as les ponen?
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